Ahí pasé primera parte de mi infancia. Iba a una escuela que estaba a cinco
kilómetros
de la casa. Todos los días, mis padres me despertaban a las 5 de la mañana, así iba
a la
escuela a caballo o en mulas; rara vez caminando. Así viví hasta los 10 años. Cuando
estaba en quinto curso, mis padres decidieron enviarme a estudiar a la capital,
Quito,
cosa que me alegró mucho. Esa decisión de mis padres me ha permitido mejorar mi
educación y tener éxito en la vida. Gracias a ellos, vi que el mundo es mucho más
amplio
de lo que podía imaginar.
Desde los 10 años, yo, junto con mi hermana, que tenía 12 años en aquel entonces,
vivíamos solas, estudiaba en una escuela muy modesta, pero ya en la capital. Tuvimos
que
valernos por nosotras mismas, ayudarnos la una a la otra, porque nadie nos
controlaba o
nos ayudaba con tareas domésticos. Nosotras mismas comprábamos comida, ropa,
hacíamos
los lavados y planchábamos. Tratábamos de no descuidar nuestros estudios. A fin de
cuentas, entendimos que ellos estaban haciendo todo lo posible para que lográramos
al
menos un poco de éxito en nuestras vidas.
Estudié en un colegio (instituto) religioso para mujeres y siempre estaba dispuesta
a
ayudar a los demás, sin importar quiénes eran y de dónde. Yo también era un
inmigrante
en mi propio país. Nos enseñaron a querer a todos, y nuestra religión nos unió. Y a
mí
también me querían.
En España, trabajé como servicio doméstico, camarera e incluso tenía mi
propia
frutería.
No podría encontrarme a mí misma de ninguna manera. Era muy difícil y estaba muy
asustada, ya que me faltaba conocimiento. Fue ahí cuando me di cuenta de que el
saber me
facilita la vida no solo a mí, sino también a los demás, así como a los extranjeros
como
yo lo era. Así decidí que iba a estudiar para ser exitosa. Sin el saber, no
conseguiría
nada. En aquellos difíciles tiempos llenos de desesperación.
Mis amigos me dijeron que había una manera de ingresar a la Universidad si tienes 25
años. En este momento, ya estaba esperando a mi primer hijo, pero en septiembre pasé
los
exámenes de ingreso a la Universidad y en octubre me convertí en madre.
Fue muy difícil para mí estudiar, cuidar a mi hijo y realizar tareas domésticas.
Tras 4
años, tuve a mi segundo hijo, pero en ese entonces ya no tuve miedo. Continuaba
estudiando hasta el día de hoy. Cuando, en 2005, comencé a trabajar en “TRAMITEX
Abogados”, finalmente me di cuenta de que ese era mi destino en la vida: por fin me
encontré a mí misma. Desde ese día, me sentí feliz.
Ahora que soy una exitosa abogada. Actualmente mis padres viven en
España, mi
hermana
mayor con su familia y mi hermano. Seguimos ayudándonos unos a otros y cuidando a
cada
miembro de nuestra gran familia. Triunfé y aprendí a ayudar a otros a tener el
mismo
éxito.